3). El marxismo era desconocido y despreciado para y por la intelectualidad burguesa prácticamente hasta comienzos de la década de los 20. Sí había intelectuales burgueses que leyeron los textos de Marx, pero eran los menos y lo hacían más por curiosidad que por otra cosa. Hasta ese tiempo, la inmensa mayoría de las disputas y críticas teóricas contra la ley de la caída tendencial de la tasa de beneficio y contra la ley del valortrabajo, contra la dialéctica marxista como racionalización de la hegeliana, contra el materialismo histórico, contra la violencia revolucionaria y la crítica de la democracia burguesa, etc, es decir, los puntos de antagonismo esencial entre el reformismo y el marxismo, se habían librado dentro de las diversas corrientes socialistas, socialdemócratas, anarquistas, populistas y marxistas, pero apenas con intelectuales burgueses. La revolución rusa de 1905 y sus ondas expansivas en Europa, el crecimiento de las luchas anticoloniales, la revolución de 1917 y sus consecuencias cualitativas durante muchos años, etc, más la incapacidad del capitalismo para salir de su marasmo simplemente por la interna dinámica económica, estos factores presionan a la intelectualidad burguesa a estudiar el marxismo.
El Plan Wilson, las derechizaciones de las burguesías, la potenciación del militarismo y del nazi-fascismo, la creciente intervención del Estado como instrumento garantizador de la reproducción ampliada, el triunfo imparable del keynesianismo incluso dentro del nazi-fascismo, la irrupción de la sociología weberiana y se la sociobiología racista, el giro total a la derecha del psicoanálisis, la fuerza del irracionalismo, etc, estos cambios profundos de la década de los 20 corresponden a la alarma del Capital. Las revoluciones y luchas de liberación antiimperialista tanto en el capitalismo desarrollado como en el resto del planeta presionan a las burguesías a activar mecanismos político-militares, político-económicos y económico-militares que están en la base del plan estratégico yanki impuesto en Bretton Woods. De hecho, la burguesía yanki no era la única en avanzar en esa dirección: la japonesa y la alemana hacían en esencia lo mismo aunque con matices secundarios. Una de las causas del desastre francés en 1940 radica en la tardía comprensión burguesa de los cambios que estaban acaeciendo.
En estas condiciones, la totalidad de instituciones y organizaciones creadas por el imperialismo entre 1944-1950 respondían a una dinámica imparable exigida desde 1917: apuntalar el capitalismo con soportes políticos, militares, institucionales, burocráticos, etc, que formalmente, desde una concepción parcialista, no dialéctica ni totalizante del modo de producción, estaban fuera de lo económico, eran en apariencia externos a la dinámica económica. No podemos estudiar aquí cómo en la obra de Marx está esa concepción totalizante y cómo los últimos escritos de Engels insisten machaconamente ella. Lo significativo es que cuando la intelectualidad capitalista estudia el marxismo como teoría y la práctica revolucionaria de las clases y pueblos, en ese estudio aprende la urgencia de activar los componentes políticos, burocráticos, administrativos, militares, culturales, etc, que han estado inscritos en la práctica esencial y unitaria de la explotación de plusvalor y en su realización en beneficio. Han sido vitales desde el s. XVII e incluso antes, pero la ausencia o debilidad de una teoría totalmente y dialéctica impidió comprenderlo. El liberalismo decimo-nónico muestra aquí sus grandes fallas.
4). Pero esta es una de las dos grandes lecciones que aprende la burguesía del marxismo y que desprecian la socialdemocracia y stalinismo y de la lucha de clases. La otra es la necesidad imperiosa de asegurar el orden a escala mundial para asegurar las sobreganancias del Centro imperialista a costa de la humanidad en su conjunto y especialmente de la sometida a la explotación colonial e imperialista. Los "acuerdos" de Bretton Wood, el GATT, etc, son también incomprensibles sin esta segunda lección. Desde finales de los 60 del s. XIX Marx comienza a preocuparse del futuro de la revolución en Rusia, empieza a "mirar a oriente" desentendiéndose de occidente, de Inglaterra primero y luego de Alemania en gran medida, aunque no presta ninguna atención a la explosiva situación latinoamericana. Las ricas discusiones sobre el imperialismo y sus consecuencias que se producen a comienzos del s. XX en las izquierdas europeas darán paso a la sabia y premonitora insistencia de Lenin y de los bolcheviques sobre la importancia estratégica de la lucha antiimperialista. Grosso modo, los cuatro primeros congresos de la IIIª Internacional integran esas luchas estratégicas en una concepción mundial del tránsito del capitalismo al socialismo y al comunismo. La historia daría la razón a esas tesis. Pero la socialdemocracia y el stalinismo las negarían.
Un momento cumbre en la reflexión burguesa lo supone la revolución china de 1927 como reflejo de las luchas anticoloniales que están debilitando agudamente al imperialismo en todos los sentidos y en especial, en Africa e India, a Inglaterra. La creciente competencia interimperialista Japón en Asia, Italia en norteáfrica, Alemania que tantea en América Latina, etc complejiza el problema. El imperialismo USA se encuentra a mediados de los años 30 con serios problemas: en el área del Pacífico crece la competencia con Japón y en el área atlántica Inglaterra, su aliado-competidor histórico, decrece imparablemente frente a Alemania, mientras que en América Latina no se estabiliza definitivamente la doctrina Monroe y se evidencia el intento alemán de penetración. Este contexto, unido a las luchas de clases en Europa, exige a USA un análisis estratégico global en el que el primer punto es la inminencia de otra guerra mundial interimperialista. El cerco asfixiante contra Japón se inscribe en dicha dinámica. La máquina propagandística yanki se pone en marcha para debilitar y aniquilar el profundo sentimiento aislacionista de las masas norteamericanas. El desarrollo de la IIª GM irá confirmando, depurando y mejorando los planes globales del imperialismo USA que para finales de 1943, justo tras la derrota estratégica de Alemania en la batalla de Kurtz frente a la URSS, más decisiva que Stalingrado, están elaborados: Bretton Voods aparece un año después como el modelo de monopolio del Tercer Mundo por el imperialismo USA.